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Disculpas

Pido disculpas a mis asiduos lectores por no cubrir estos dos últimos domingos blogueros. Prometo publicar a lo largo de la semana que está a punto de comenzar dos artículos sobre dos temas distintos. Si tenéis sugerencias este es el mejor momento para ponerlas encima de la mesa en forma de comentarios.

Hasta pronto, amigos lectores.

El calor

Estos días está apretando el Lorenzo y siempre piensa uno que en sitios como Murcia estamos más acostumbrados al calor pero no hay forma de habituarte a que pases de estar en Invierno a estar en Verano. A partir de ahora, aunque te llueva vas con manga corta todo el día. A mi me ha pasado. Sales de tu casa con tu camiseta y tu abrigo por que hace un frío del carajo y de repente, a las dos horas, te sobra todo y te planteas que haces con unos pantalones largos con la que está cayendo… o incluso mucho más allá, que haces con unos pantalones de pana. En fin… eran otros tiempos. Ahora los pantalones largos los llevo por exigencias del guión.

En Murcia usamos muchos métodos para evitar el calor.

Beber agua: Vas al comercio de turno, te pillas una botella de agua fresca y empiezas a beber… uhm… agua fresca… que bueno. Sigues haciendo cosas y a la hora vuelves a coger la botella y sin pensarlo mucho te echas el agua a la boca… de repente notas que la temperatura del agua ha cambiado… espera.. esto no es agua fresca… le echas valor y te tragas el agua que está a punto de alcanzar el punto de ebullición. Para la próxima aplicarás el truco que te explicaron alguna vez… congelar el agua. Ya se irá descongelando y te la podrás beber… fresquita.

Manguerazo limpio: Pillas la manguera y empiezas a mojarte los pies. Al principio piensas que el agua que sale de la manguera está fría pero a los dos minutos ya tienes la manguera en la cabeza y el agua pasando por todo tu cuerpo… Es lo mejor a la hora de regar las plantas… un poco para ti, otro para mi, un poco para ti, otro para mi… Te quedas nuevo.

Cerveza Fresca: Este es una alternativa al agua fresca con la peculiaridad de que lo que se congela habitualmente no es la cerveza sino el vaso donde la echas para beberla. Es uno de los mejores métodos y como experiencia es la que ha hecho cambiar de parecer con respecto a su sabor a mucha gente. Muchos guardamos como primer momento en que nos gusto la cerveza un día de mucho calor donde la cerveza fresca consiguió refrescarnos.

Aire acondicionado: Este mejor lo dejamos para otro Domingo Bloguero.

A mi ya no se me ocurren más remedios… pero bueno, para eso están los comentarios… ;)

Lo absurdo

El otro día, me encontré dentro de una situación inusualmente absurda. Estábamos en un juego muy peculiar inventado por ellos mismos. Las palabras iban unidas por razonamientos que cada uno entendía. Si no lo entendías preguntabas por qué usabas esta palabra.

Ejemplo: Alguien dice Mago y la siguiente persona dice Leche. ¿Por qué? Este es fácil: de mago a rey mago y de ahí a la leche que se le dejaba a los camellos de los reyes magos cuando eramos niños. Este ejemplo no ocurrió esa noche. Hubo muchos que me dejaron patidifuso pero recuerdo uno en que alguien dijo Espacio y la siguiente persona dijo Patatas. Está es más difícil pero os la explico. De espacio a nave espacial, de ahí a un episodio de Los Simpson donde Homer va al espacio y de ahí al momento en que se le abre la bolsa de patatas y se las tiene que comer en ingravidez.

Lo absurdo realmente comenzó mucho más tarde cuando después de varios momentos como el relatado y de empezar a tener agujetas en los abdominales de las risas que nos dimos alguien dijo Collar, una palabra a primera vista inocente pero que mezclada con una pregunta bomba hizo que nuestros cerebros se disgregaran por un mundo desconocido y muy personal. La pregunta bomba fue hecha por una persona que se levantaba de un momento de duermevela escuchando la palabra Collar y pregunta muy inocente “¿Collar, collar qué?” Por un momento pensó que collar era un verbo y de fondo se escucho, “Sí collar, como follar pero con ‘C’”. En ese mismo momento algo hizo clac en la cabeza de la gente y nos metimos en un bucle infinito donde todo lo que tenía f se decía con c y todo lo que tenía f se decía con c. “Las fes como las heces”, esto es sólo un ejemplo de las conversiones posibles.

Nos tiramos cerca de dos horas tirando de este hilo hasta se propuso salir por los bares hablando así. Sólo lo de salir por los bares ya era una propuesta chunga. La cosa se complicaba bastante más si había que hacerlo cambiando las letras cuando habláramos entre nosotros. Aún así, lo hicimos (espero que nadie lo dudara).

Fue una noche genial. Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien con algo tan absurdo.

Y hasta aquí otro domingo bloguero más.

La noche II

Tras de si dejaba su casa alquilada ya que no pasaría mucho tiempo en aquella ciudad. Estaba decidida a montar su propia empresa y no tardaría mucho tiempo en tener las herramientas necesarias para poder hacerlo.

Al bajar al recibidor el portero la saludó como hacía habitualmente:

- Hasta pronto Paula.

Paula, agradecida, siempre respondía al saludo con un guiño y una mano levantada mientras de sus labios surgían unas palabras:

- ¡Hasta luego!

Abandonó el edificio y solicitó la parada de un taxi. Nunca ha necesitado repetir el gesto, su traje es como un semáforo en rojo para el taxista solitario. Abrió la puerta del taxi y le indicó donde quería ir. Era un taxista mudo, de los que a veces tienes la suerte de encontrarte en el mundo de los taxis. Paula agradeció internamente el silencio ya que necesitaba otra dosis de paz antes de volver al trabajo diario.

Fin de ruta, paga el taxi le da las gracias y se baja para afrontar un nuevo día. Desde que llegó a esa ciudad no quiere saber nada de conducir y usa el taxi como medio de transporte.

Ante ella se presenta el edificio donde trabaja, un edificio de cincuenta plantas. Abre la puerta saluda al portero y llama al ascensor. sube al ascensor, planta veinte con paradas en planta cinco, seis y quince. Hace un día soleado y los dos equipos estrellas del deporte rey de aquel país van a la par. Grandes temas de conversación para un corto recorrido que el ascensor tarda habitualmente veinte segundos en realizar. Planta veinte. Su empresa. Comienza el día.

El hotel

Se cernió la noche sobre el lugar:

-Bueno, nos vamos a dormir. A ver si encontramos el sitio. Vamos andando en un rato, no os preocupéis.

Sale un coche con dos personas. Nosotros tres nos quedamos hablando y vamos a pata. Madrid, Septiembre, urbanización de setos grandes y aún más grandes perros. Acercarse a un seto, una gran experiencia ya que los perros ladraban como si no se vieran en otra.

¿Dónde hostias está el sitio donde se supone que tenemos que dormir? Y yo que sé… Guay… Seguro que no llegamos ni de coña. De repente vemos un sitio que parece un bar. Entramos y vemos a tres viejos jugando al chinchón (no sé a que jugaban pero es lo que se suele decir de la gente de Madrid). Vale…

- Buenas noches. Disculpen, ¿saben si aquí hay habitaciones?

- Sí, deben subir a la segunda planta de aquel edificio – el viejo señala un edificio donde no se ve ninguna luz encendida.

- Gra… – me percato de que los viejos siguen jugando como si nada hubiera pasado. Va… Nos vamos al otro edificio.

Entrando nos fijamos en que el coche de nuestro amigo está allí. Los vemos fuera echando un cigarro. Les preguntamos si pretender pasar y nos dicen que estaban esperándonos. Bien, pues vamos. Cinco personas más perdidas que el calí y sin tener muy claro si allí había o no habitaciones se encaminan al segundo piso de un edificio, la ultima planta. Llegamos y encima de nuestras cabezas hay una trampilla para acceder a lo que parece una buhardilla.

Toc, Toc. Llamamos a la puerta y sale una chica.

- Hola, venimos por lo de las habitaciones. – la chica nos mira de arriba a abajo y hace una pausa antes de decir…

- No, es que ese tema lo lleva mi hermano que vive en el sótano. Bajad al sótano.

Bien, cinco tíos con sus cinco macutos bajando dos pisos para acceder al sótano. Llamamos a la puerta. Sale una persona con un cuchillo en la mano, una mano escayolada y una muleta. Deja el cuchillo y nos pregunta que hacemos allí. Trago saliva.

- Ejem, estamos buscando habitaciones para pasar la noche. – el hombre nos mira extrañado, cuenta las llaves y nos dice que esperemos allí un momento.

Se cierra la puerta y pasan los primeros cinco minutos, los primeros diez, ¿Un cuarto de hora? ¿Qué pasará? Un cuchillo, el tío con una muleta, esto no pinta bien, como tarde un poco más nos piramos para donde antes y aunque sea en un banco nos sobamos. ¿¿Media hora?? Vamos para arriba a preguntar a la hermana y ya nos piramos. Bien. Subimos, llamamos y sale la hermana.

- Disculpa, sabes algo de las habitaciones.

- No, espera que llamo a mi hermano. – ¿Llamar? ¿Eso no podía haberlo hecho antes? ¿Que habrá en esa buhardilla?.

Cierra la puerta. Un minuto, dos, tres… ¿Un cuarto de hora? Nos vamos… Salimos de allí poco a poco, sin hacer ruido. Vamos al coche, esperamos un rato al lado del coche mientrás estos dos se fuman un cigarro.

- Que raro tío. Lo que no nos pase a nosotros.

- La verdad es que la pinta del tío era muy siniestra.

- Ni que lo digas. Vamos para abajo y ya nos dirán dónde dormir.

Nos subimos al coche, nos ponemos los cinturones. Enciende las luces y de repente aparece ante nosotros el tipo de la mano escayolada con la muleta en la mano. ¿Qué? Que mierda hace este ahora aquí.

- No os vayáis tengo las habitaciones ya preparadas.

No hay palabras para explicar todo lo que se me pasó por la cabeza en ese momento pero nada era bueno. Aún así, bajamos del coche y seguimos al hombre que nos acompañó a nuestras habitaciones. Digamos que no cerré los ojos tanto como me hubiera gustado esa noche.

Todavía hoy me pregunto si tendría cámaras o si él y su hermana nos gastaron una broma. No me explico esa coincidencia que hizo que justo cuando mi compañero encendió el coche apareciera el tipo.

Estás cosas sólo pasan en esa mágica ciudad que llamamos Madrid.

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