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La actualidad

Este domingo bloguero voy a guardar silencio en respeto por las víctimas que ha ocasionado el tsunami que ha asolado Japón.

Sólo un enlace al person finder de Google: http://japan.person-finder.appspot.com/?lang=en

El vaso de leche

El vaso de leche aparece en mi día a día dos veces. Una por la mañana y otra por la noche. Es un momento tranquilo en que todo lo que hay alrededor desaparece por que estás disfrutando de un momento para ti.

Todo el proceso es un ritual realmente. Coges el vaso, le echas un poco de miel, la leche y el nesquik. Abres la puerta del microondas, metes el vaso y a calentar siempre el mismo tiempo. Un minuto. Sacas el vaso de leche ya preparado para darle vueltas con la cuchara que usaste para verter las tres cucharadas de nesquik, siempre tres también.

Acercas ese vaso caliente a la boca y el aire caliente ascendente te da en la cara. Cierras los ojos, respiras y comienzas a tomarte el vaso de leche. Tu respiración poco a poco se acompasa y los pensamientos se van.

Todo pinta bien, pero hay días que no todo lo que usas es igual. Me voy a permitir analizar solo un caso peculiar. Supongamos que empezamos a echar la leche pero sólo quedaba un dedo. Vas al armario, lo abres y sacas un litro de leche a temperatura ambiente. Rellenas el vaso y continuas como si nada hubiera pasado lo que incluye el minuto de microondas. Sacas el vaso y entonces caes en la cuenta… Tus dedos, quemados, caen en la cuenta. Pero ya no hay vuelta atrás. Te vas a quemar pero claro que te tomas ese vaso de leche que podría ser usado como arma de tortura. No sientes ningún sabor, sólo el calor. Lo acabas y lo enjuagas viendo como sale vapor de agua del vaso usado.

Un saludo y feliz semana, queridos lectores.

La universidad

El viernes estuve en una actividad organizada por un grupo de gente muy vinculada a la universidad no obstante llamarse Conocimiento Abierto y Libre de la Universidad de Murcia o CALDUM, no deja mucho lugar a dudas de que estamos frente a un movimiento que surge en la universidad de Murcia.

Hacía tiempo que no me pasaba por allí. El curso comenzaba a las cuatro de la tarde así que nada más salir del trabajo, sin pasar por mi casa (aunque la vi desde mi coche ya que di un poco de rodeo) me fui a la universidad. El lugar elegido para comer era el CSU. En sus inicios perdido del campus de Espinardo y ahora mismo en pleno centro neurálgico (tienen a psicología e informática cerca… para que quieres más…). Una vez allí saludo al cartel de bienvenida. Cada vez que lo veo me acuerdo de una famosa frase que rezaba algo así como… no te preocupes… la bienvenida real te la darán en Febrero y no te va a gustar. Pasas un par de redondas y te adentras en la entrada al parking del CSU… hostia… una compañera (miro el calendario, viernes, tres de la tarde, no son horas…) la saludo y aparco el coche.

Tomo mi móvil y llamo a un amigo. Me responde que los viernes no para por la Uni intercambiamos unas risas y sigo mi camino.

Entro en el CSU y miro a mi alrededor, pido la vez para no aburrirme mucho mientras espero a que me atiendan y por no colarme (que soy un extranjero). Una chica me responde que no hay vez, que no me preocupe… hablamos un rato, intercambiamos alguna broma, sonrisas… Muy bien, guay… mola… pido mi bocata, la chica hace una broma sobre el nombre del bocata y sale para fuera guiñándome un ojo antes de salir (¿guiños? hacía tiempo que no me guiñaban un ojo…).

Llego a mi mesa enciendo mi equipo y remato una faena que me había quedado pendiente. Siento como la gente me mira como si fuera un informático… caigo en la cuenta… soy un informático. La pantalla negra me delata. La facilidad para lanzar comandos me incrimina… y mi perplejidad y amor a la barra de progreso no insinúa nada bueno. Cierro el equipo, me termino el bocata y me relajo un segundo antes de subir al curso.

Una vez en la puerta veo a dos compañeros de carrera. Para entrar en el edificio donde se realiza el curso hay que tener tarjeta, hay dos opciones, esperar a que llegue gente con tarjeta o pasar aprovechando la salida de otra persona, no sé muy bien cual de las dos opciones usamos pero ya estamos dentro… veo a uno de mis compañeros lanzado hacia dentro como si supiera donde va a ser el curso, le pregunto a mi otro compañero si realmente sabe donde es el curso. Me mira asombrado pero decidimos seguirle, total, el edificio no es muy grande, no vamos a perder mucho tiempo si lo seguimos y hay que dar marcha atrás. Me siento y veo a un compañero de Campus Party… bueno, es de Murcia, pienso, no es tan raro verlo por aquí… de repente saluda a gente que también conozco de Murcia y entonces comprendo que está igual de metido en esta movida que yo. Curioso. Miro a mi espalda y veo a un compañero de las beers and blogs.. ¡Hoolaaa! Hostia… tú… sí, aquí estoy. Intercambiamos algunas impresiones sobre el mundo de la informática y la caída en picado del blogging. Comienza el curso. A partir de ahí sólo lo escucho flipar con cosas (no sé muy bien si relacionadas con el curso o con la twittercosa). Salimos a hacer un descanso y me encuentro con un compañero. Nos ponemos a rajar a todo lo que no sea software libre… mola, él tiene un mac y yo un ipod… bueno… nadie es perfecto.

Cuando me doy cuenta han pasado 45 minutos… vuelvo al curso y ya están acabando. Me enamoró la sencillez de python aunque como siempre quedan pendientes dos conferencias (al menos) más.

Llego a mi casa y no pienso en otra cosa que tirarme en la cama… lo hago y me ataca por un flanco el sueño sin que me dé ni cuenta.

Y aquí acaba otro domingo bloguero más.

La noche I

Esto es sólo el comienzo de una historia con entrega mensual dentro de los domingos blogueros. Tendrá 11 entregas y se va a ir construyendo poco a poco. Comencemos.

Paula se miraba al espejo y no reconocía aquel sujeto de rostro enjuto que aparecía ante ella. Sus ojeras manifestaban las cuatro noches que llevaba girando y girando sobre la cama. Cada giro era la búsqueda de una respuesta que se demoraba en ser respondida. Muchísimas preguntas a las que quizá no habría que buscar respuesta.

El espejo hablaba también de unos labios partidos por el stress que estaba sufriendo en su nuevo trabajo. Era un trabajo duro ya que era la encargada de coordinar a un gran grupo de personas. Personas entre las que podía ver a gente mucho mayor que ella. Ella venía de un trabajo un poco más ingrato donde no se encontraba agusto. Aquella oportunidad pintaba genial sobre el papel. “Paula Hermman – Coordinadora de proyectos” se podía leer en su tarjeta.

Poco a poco se arrastro hacía la ducha y abrió el grifo del agua caliente. Sumergió su terso pie notando como un agua gélida lo rozaba. Era el comienzo de todas las mañanas. De repente volvió al río donde había pasado muchos veranos. Aquel Camping donde sus padres disfrutaban de unas buenas vacaciones. El aire puro del monte… ¡Me quemo! Pensó. Absorta en sus pensamientos no se había dado cuenta de que el agua sobrepasaba la temperatura adecuada. Un poco de agua fría y para adentro.

Una vez duchada. Buscaba entre sus perchas el vestido adecuado para ese día. Ante ella se presentaban, en perfecto estado de revista, cinco maravillosos vestidos que resaltarían las curvas de las que no carecía Paula.

El rojo era el adecuado para hoy. Ya era viernes y su cuerpo le pedía algo un poco más atrevido. Este fue el vestido escogido cuando hizo la entrevista que le daría paso a este puesto. Mirándose al espejo ahora todo parecía haberse resuelto. Todas las preguntas y preocupaciones se habían ocultado tras lo que se conoce como crema antiojeras. El rostro enjuto había adquirido un poco de volumen gracias a un efecto del maquillaje. Los labios escondían sus imperfecciones bajo una capa de carmín.

Abrió la puerta de su casa. Y como aquella persona a la que se le ha olvidado algo volvió a ese espejo donde se podía ver de cuerpo entero. Se lanzó un beso y un guiño. Esa era quien debía ser, pensó. Volvió a la puerta y salió decidida a por un nuevo día.

Correr

Esta semana volví a realizar una actividad parada debida, en mi caso, al frío.

Llevo ya tres días (miércoles, viernes y esta mañana) saliendo a realizar una actividad física complicada de entender. Se corre habitualmente en soledad, una vez se toma el hábito es difícil dejarlo. Parecido a una droga la gente que corre con una regularidad sale a correr aunque llueva, haga frío, calor u otras inclemencias metereológicas. Por supuesto lo hace con conciencia de lo que está haciendo, si hace muchísimo calor uno debe llevar agua encima y si hace un frío del carajo es conveniente que vaya totalmente tapado dejando a la vista del resto de la gente únicamente sus ojos.

Alrededor de la gente que corre hay actividades todos los fines de semana. Se llaman “Carreras populares”. Yo tuve la oportunidad de asistir a una hace un mes y medio más o menos. Uno se apunta por internet varios días antes de la carrera. Realiza una transferencia a una cuenta esperando que todo esté en regla ¿Quien es el beneficiario de la cuenta? Pepito de los palotes… vaya… un particular. Menos mal que esa carrera está en una liguilla de carreras populares de la Región y eso significa que se hace sí o sí.

Intentas salir la semana en que se va a producir la carrera para no perder mucho fondo. De repente la semana se complica y no puedes salir ni un sólo día. No deja de hacer frío. Va, da igual… vamos allá para probarnos, si la acabamos será buena señal. Te levantas temprano el día de la carrera, desayunas para dar un aporte energético a tu cuerpo, un aporte necesario. Quedan dos horas o más para salir a correr. Me preparo el macuto con todo lo necesario para cambiarme allí ya que no sé como funciona esto de las carreras populares, es mi primera vez.

Bajas con el macuto al coche, lo dejas en el maletero y comienzas tu camino hacía la zona donde va a discurrir la carrera… espera… ¿donde era? Google maps al canto… no me entero muy bien, mejor entro en el pueblo y ya pregunto. Coche, carretera y manta (toalla en este caso). Llegas al sitio, te pierdes pero no entras mucho y empiezas a ver a gente en pantalón corto en la parte de atrás del coche. Ves como se ponen unos bambos. Esto debe ser. Entras con tu coche por un barrizal y descubres que no quedan sitios para aparcar. Un poco más adelante, si no recuerdo mal había un sitio. Sigues, confiando en tu orientación. Tu sitio sigue ahí. Aparcas. Sigues al río de gente que ves con pantalones cortos, aparece a tu lado un tio que ya está corriendo. Aún queda una hora para empezar no hay problema, será el máquina de turno.

Llegas a la zona donde dan los números, hay mesas con letras… “A ver… la m, la m… aquí… ya…”. Tu voz sale poco a poco de tu cuerpo, tragas saliva. “Glub. ¡Hola! Vengo a recoger mi número” el chico que da los números te mira… “Nombre y apellidos” “Ah, sí, disculpa… Miguel Manzano, gracias”. “A ver…” el chico mueve las hojas donde no paran de aparecer nombres. “Aquí lo tienes, mucho ánimo”. ¿El 100? Efectivamente… este es mi número. Entre la multitud empiezas a ver gente conocida. “Vaya… no esperaba encontrarte tan pronto”, le suelto a la persona con la que había quedado… “Pues sí.. aquí estamos, ahora vamos a calentar un poco”. “Me apunto… va”. Los acompaño, me enseñan como se pone el número en la camiseta (hago lo que puedo y el número queda más o menos visible). “Venga va, está lloviendo… mejor…. así no te quemas tanto” “¿Lluvía?… esto… ¿¿lluvia??”. Empezamos a correr mientrás la lluvia nos moja y nos refresca un poco… ah, no, espera, si hace frío… cawentoo… de esta no me salvo seguro… empezamos a correr. En primera posición del grupo aparece el tipo que vi corriendo una hora antes, no, si todavía estará fresco… “Miguel, cuando den la salida corre, no te quedes parado que te pasan por encima… a tu ritmo pero muévete”. Un consejo de última hora, un muy buen consejo. Empieza la carrera y aguanto el ritmo menos de cinco segundos… estaba demasiado delante así que la gente me empieza a pasar hasta que llega la gente que está más o menos a mi nivel.

Aguanto un tiempo con ellos. De repente veo mi vida pasa por delante, dejo de correr y comienzo a andar. En este momento veo a un conocido que no me esperaba encontrar. “Vaya… ¿tu por aquí?” “Sí, solo entreno en las carreras populares” “Vaya… vas con tu hija en un carricoche” “Sí… ella si que va cómoda.. bueno, te dejo que voy a meterme un poco más de caña” “Venga… nos vemos”. Ya no puedo más así que voy corriendo por momentos pero poco o nada. No tengo fondo. Mejor me pongo a andar y cuando este mejor me pongo a trotar. Veo pasar a un niño que me pasa… Espera, ¿un niño pequeño corre más que yo? Hay que reconocerlo, es así, lo dejo pasar. Detrás de mi veo unas luces, ¿luces?, sí, es la ambulancia de cola. Intento trotar para que no me pille pero me es imposible.

Me siento mejor pero ya no sé donde está la gente ¿cual era el recorrido?… Los busco y veo aparecer a gente por una calle… espera… hay que entrar en un barrizal para llegar allí… bueno, voy para allá. Estando allí dejo pasar a todo el mundo (o eso creo yo) veo a la persona inesperada de nuevo… “vamos, me grita, únete por aquí”. Me uno a ellos y vamos a buen ritmo hasta la meta.

Llego a la meta y me dan una bolsa con fruta y zumos. ¡Viva la dieta saludable!. Me los tomo con el padre y la hija mientras me comenta (el padre) que en nochebuena se va a ir a correr y en navidad también… vale… esto es demasiado grande para mi… hace frío, me retiro y mientras lo hago, media hora después de acabar la carrera, veo al tío que vi al principio corriendo por la calle. ¿Este tipo no tiene suficiente con la carrera popular?. Decido atribuirle el adjetivo de crack y me retiro a mi casa con una tarea en la mochila. Mi reto es simplemente acabar una carrera popular.

En los siguientes meses el frío se hace más presente que nunca. No estoy tan enganchado todavía para salir a correr con un frío del carajo. Me dejo desfondar hasta este miércoles pasado y entonces salgo a correr y me doy cuenta de que algo no va bien… hay que entrenar, hay que volver a tomar fondo. El tiempo ha mejorado. Lo voy a hacer.

¡Un abrazo!

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